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Campo

Suplementar en sequía: leer la condición corporal antes de ajustar la ración

Dos vacas comiendo concentrado en un comedero del rancho

El ranchero que compra suplemento sin medir al animal termina alimentando la desesperación, no al hato. En sequía la pregunta no es qué suplemento hay, sino cuánto le falta y a quién. Y eso lo dice una sola herramienta: la condición corporal, leída con la mano sobre el lomo y las costillas.

La lectura de condición corporal en plena seca

Se palpa, no se mira de lejos. En el lomo, las vértebras que se sienten pero no se ven; en las costillas, una capa fina de carne sobre el hueso; en la cadera, la distancia entre el anca y la cola. En la escala de uno a cinco, el animal de tres está bien: hueso que se palpa bajo piel firme. El dos tiene las apuestas y las costillas marcadas; el uno es un animal que ya está gastando su músculo para sobrevivir. La vaca que va a parir debe llegar seca a tres, nunca a dos.

El orden en que se corrige la ración

Antes de soltar el suplemento en el potrero, sepáralo: un bebedero y un comedero por grupo, con espacio para todos, porque lo que se desperdicia al piso no alimenta a nadie y en sequía cada kilo se paga caro. Revisa de nuevo la condición a los quince días: si no subió, o la ración es corta o el problema es otro —parásitos, dentición o agua sucia—, y ahí se corrige. No seguimos modas, las marcamos. Si trabajas tu hato con ese rigor, explora la colección de gorras y chaquetas The Ranch, hecha para quienes administran el campo con la cuenta clara.

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