El ranchero que compra suplemento sin medir al animal termina alimentando la desesperación, no al hato. En sequía la pregunta no es qué suplemento hay, sino cuánto le falta y a quién. Y eso lo dice una sola herramienta: la condición corporal, leída con la mano sobre el lomo y las costillas.
La lectura de condición corporal en plena seca
Se palpa, no se mira de lejos. En el lomo, las vértebras que se sienten pero no se ven; en las costillas, una capa fina de carne sobre el hueso; en la cadera, la distancia entre el anca y la cola. En la escala de uno a cinco, el animal de tres está bien: hueso que se palpa bajo piel firme. El dos tiene las apuestas y las costillas marcadas; el uno es un animal que ya está gastando su músculo para sobrevivir. La vaca que va a parir debe llegar seca a tres, nunca a dos.
El orden en que se corrige la ración
- Primero el agua, siempre: sin agua a voluntad ningún suplemento se aprovecha y el animal deja de comer antes.
- Segundo la fibra: heno, ensilaje o pasto de corte para que el rumen siga trabajando; un rumen vacío no digiere nada de lo que se le eche encima.
- Tercero la proteína: el pasto maduro de sequía baja de 6% de proteína cruda, y con esa falta el animal come menos y digiere peor.
- Cuarto la energía: melaza, bloque energético o grano para las vacas lactantes y los animales que ya perdieron estado.
- Siempre los minerales: la sal mineralizada con fósforo es ración, no adorno; en pasto seco la deficiencia es la norma.
- El ajuste es progresivo: la ración se sube de a poco durante una semana. Un cambio brusco de concentrado termina en acidosis, no en kilos.
Antes de soltar el suplemento en el potrero, sepáralo: un bebedero y un comedero por grupo, con espacio para todos, porque lo que se desperdicia al piso no alimenta a nadie y en sequía cada kilo se paga caro. Revisa de nuevo la condición a los quince días: si no subió, o la ración es corta o el problema es otro —parásitos, dentición o agua sucia—, y ahí se corrige. No seguimos modas, las marcamos. Si trabajas tu hato con ese rigor, explora la colección de gorras y chaquetas The Ranch, hecha para quienes administran el campo con la cuenta clara.

