Cuando el pasto se acaba, el ganado come más pegado al suelo, y ahí es donde vive el problema que nadie ve: parásitos, malezas tóxicas y un forraje que llena pero no nutre. La sequía no solo mata de hambre; también baja las defensas del hato y abre la puerta a enfermedades que en época de lluvia no aparecen.
Parásitos: el enemigo del pasto corto
El ganado que pasta a ras del suelo ingiere larvas de parásitos internos con cada bocado, y la infestación se multiplica cuando los animales se concentran en los pocos potreros con algo verde. La señal es clara: vientre abultado, pelo áspero y animales que comen y no engordan. En sequía, desparasitar con criterio y rotar es la primera línea de defensa.
Los riesgos que trae la temporada seca
- Parásitos internos y garrapatas: con el calor y la concentración se disparan; revisa y desparasita por diagnóstico, no por calendario.
- Intoxicación por nitratos: el pasto y el heno fertilizados o estresados acumulan nitratos que matan; no suplementes con verde sospechoso.
- Deficiencias de minerales: el pasto seco pierde fósforo y vitaminas; la sal mineralizada no es un extra, es parte de la ración.
- Agua sucia y estancada: cuando el agua escasea, el ganado bebe lo que encuentra; el agua lodosa es fuente de diarreas y parásitos.
- Vigila la condición corporal: un animal que pierde estado en sequía avisa de un problema antes de que se caiga.
La sanidad en sequía se resuelve con observación diaria y sin improvisar: revisar, desparasitar con cabeza y suplementar mineral es lo que mantiene al hato de pie cuando el potrero flojea. No seguimos modas, las marcamos. Si tu oficio es leer al animal antes de que avise dos veces, explora la colección de gorras y chaquetas The Ranch, hecha para quienes no sueltan la vista del hato.

