La preparación no empieza comprando suplemento el mes en que todo el mundo compra: empieza contando lo que hay. Un rancho puede tener treinta potreros, tres jagüeyes y la bodega llena, y aun así llegar corto a la sequía, porque nadie sumó los litros ni los kilos. El inventario de sequía es una hoja con tres números —agua, forraje y días de autonomía— y es la única forma de saber si el rancho aguanta el verano o si toca ajustar ahora, cuando todavía se puede decidir con calma.
El agua, medida en días de autonomía
- Suma los litros almacenados: el volumen útil de cada tanque, más el reservorio o jagüey medido en largo por ancho por profundidad promedio, por 0,7. Ese factor existe porque la orilla nunca es vertical ni la profundidad uniforme: de ahí sale el volumen real, no el que se ve desde el borde.
- Mide el caudal de la fuente en litros por hora, no en la memoria. Un pozo que siempre ha dado puede haber bajado el nivel: se prueba de cuatro a ocho horas, anotando cada cuánto recupera el agua.
- Calcula el consumo diario del hato por categoría: una vaca seca entre 40 y 55 litros, una vaca lactante entre 60 y 90, un animal de levante entre 25 y 40 y un toro entre 45 y 60. Treinta vacas lactantes son más de 2.000 litros al día, no 600.
- Divide litros disponibles entre litros diarios: ese resultado es el número de días de autonomía. De tres a siete días de reserva es el mínimo prudente; por debajo de dos, la sequía ya está administrando el rancho.
- Resta lo que se evapora sin darse cuenta: un espejo de agua destapado devuelve al cielo entre 5 y 10 litros por metro cuadrado al día. Un estanque de 100 metros cuadrados puede perder mil litros diarios solo por sol.
El forraje, medido en kilos de materia seca
- Pasa todo a la misma unidad. Heno, ensilaje, caña picada y pasto en pie no se comparan por bultos ni por viajes: se comparan por kilos de materia seca. El heno ronda el 85%, el ensilaje entre 30% y 35% y la caña fresca entre 25% y 30%.
- Afora los potreros que piensas usar y anota el número: corta y pesa en varios puntos, y descuenta maleza, pasto pisoteado y el residuo de 8 a 10 cm que no se debe tocar.
- Suma lo guardado en la bodega —pacas, silo, bolsas y canecas— cada uno por lo que de verdad pesa. Una reserva anotada de memoria siempre sale más grande de lo que es.
- Calcula la demanda diaria: el hato come entre 2,5% y 3% de su peso vivo en materia seca al día. Treinta vacas de 400 kilos son unos 330 kilos diarios, se suplemente o no.
- Anota la merma con las pérdidas incluidas: el heno a la intemperie pierde entre 20% y 30% en seis meses y un ensilaje mal sellado entre 15% y 25%. Inventariar de más es engañarse solo.
- Deja la hoja con fecha y revisión cada quince días: el número más bajo entre días de agua y días de forraje es el que manda, y cuando baja de treinta días de forraje o siete de agua, se actúa.
El inventario no es papeleo: es la única manera de saber, con anticipación, si el rancho va a decidir o va a reaccionar. Se hace en lluvia, se revisa cada quince días y se corrige cuando todavía hay margen. No seguimos modas, las marcamos. Si administras tu rancho con la cuenta clara y el número a la mano, explora la colección de gorras y chaquetas The Ranch, hecha para quienes se anticipan al verano.
