Cuando el potrero se pone amarillo, el ganado sigue comiendo, pero deja de nutrirse. El pasto seco pierde fibra, energía y proteína, y el animal que solo come pasto seco pierde peso sin que nadie lo note hasta que ya es tarde. Suplementar en sequía no es un gasto: es la diferencia entre sacar el hato entero o verlo caer de a poco.
Forraje: la base que no puede faltar
El forraje conservado —heno, ensilaje o pasto de corte guardado— es lo primero que sostiene al hato cuando el potrero ya no da. Cubre la fibra que mantiene el rumen trabajando y la energía que el pasto seco dejó de aportar. La clave está en darlo a diario y en cantidad, sin esperar a que el ganado baje de condición para empezar.
Suplementos que marcan la diferencia
- Sal mineralizada con fósforo: mantiene el apetito y la digestión cuando el pasto seco aporta poco.
- Bloques o melaza energética: energía rápida para sostener a las vacas en lactancia y a los animales más exigidos.
- Suplemento proteico: en sequía el pasto maduro casi no tiene proteína, y sin proteína el animal no aprovecha la fibra que come.
- Agua limpia y a voluntad: sin agua, ningún suplemento se aprovecha; es la primera ración del día.
Suplementar bien es suplementar a tiempo y en orden: primero el agua, después la fibra, y por encima la energía y la proteína que el potrero dejó de dar. El que espera a ver al ganado flaco ya llegó tarde. No seguimos modas, las marcamos. Si administras tu hato con esa precisión, explora la colección de gorras y chaquetas The Ranch, hecha para quienes no improvisan ni en el campo ni en el día a día.

