El heno se acaba, el ensilaje se acaba, y el potrero amarillo no da más. Lo que no se acaba es lo que está sembrado en un banco forrajero: un área del rancho destinada solo a producir forraje de corte, para llevarle al hato todos los días, incluso cuando la pradera ya se rindió. Es la reserva viva del rancho, la única que sigue creciendo mientras la seca aprieta, porque recibe el mejor suelo, toda el agua y toda la atención que al potrero no se le puede dar.
Qué sembrar, según la zona y el agua disponible
- Caña de azúcar o caña forrajera: la reserva más segura del trópico. Aguanta la sequía, se corta y se pica, y bien acompañada de urea y mineral da forraje de mantenimiento para todo un verano.
- Pastos de corte tipo maralfalfa, mombasa, elefante o king grass: crecen rápido con agua y dan dos o tres cortes al año. Exigen buen suelo, abono y no aguantan el pisoteo.
- Leguminosas intercaladas o en franja aparte —leucaena, morera, guandul—: aportan la proteína que es justo lo que falta cuando todo está seco y el forraje solo da fibra.
- Las leguminosas se podan cada 45 a 60 días y se llevan al comedero picadas. Nunca se dan al pastoreo directo: no resisten el diente pegado al suelo y se pierden en una sola entrada.
- Sorgo forrajero cuando hay lluvia de sobra: rápido, de altísimo rendimiento, y sirve tanto para dar fresco como para ensilar si el verano se adelanta.
Cuánto sembrar y cómo administrar el corte
- Calcula la demanda antes de sembrar: veinte vacas de 400 kilos comen unos 220 kilos de materia seca al día. Si el banco rinde 20 toneladas de materia seca por hectárea al año, bien manejada cubre buena parte de la demanda diaria de ese hato.
- Corta por franjas escalonadas y no todo el mismo día: divide el banco en secciones y cosecha una cada semana, para tener forraje fresco y tierno siempre disponible.
- Respeta la altura de corte: en pastos de corte, de 10 a 15 cm sobre el suelo; en caña, parejo y bajo, sin dejarla florear del todo. Cortar muy alto desperdicia rebrote y muy bajo mata la cepa.
- Abona y corrige el suelo después de cada corte. El banco forrajero se explota como cultivo, no como potrero: si se le ordeña sin devolverle nada, en dos años rinde la mitad.
- Pica y ofrece en comedero, con agua limpia cerca, y guarda excedente para el pico del verano. Para el momento más duro, el forraje picado con urea al 1% —respetando el tope de urea de la dieta— o el ensilaje bien sellado son la carta que salva el hato.
Un banco forrajero es la diferencia entre rogarle pasto al cielo y tenerlo sembrado en el mejor lote del rancho. Se establece en lluvia, se corta en seca y se paga solo el primer verano que salva. No seguimos modas, las marcamos. Si administras tu rancho con esa visión de largo plazo, explora la colección de gorras y chaquetas The Ranch, hecha para quienes siembran pensando en la temporada que viene.
