El caballo de trabajo es un atleta que se entrega todos los días, y su rendimiento no se decide solo en la monta: se decide en el comedero. Alimentarlo bien es la diferencia entre un animal que aguanta la jornada y uno que se apaga a mitad de camino.
El forraje primero, el grano después
El pasto y el heno son la base; el grano es el complemento, no al revés. Un caballo se alimenta de forraje de calidad a diario, y solo se le suma concentrado según el trabajo que hace. Meterle grano de más a un caballo que no lo quema es pedir cólicos y patas calientes.
Agua, sal y lo que nunca debe faltar
- Agua limpia y a mano todo el día: un caballo deshidratado no rinde ni se recupera.
- Sal mineral a libre disposición: repone lo que el sudor se lleva en la faena.
- Raciones divididas: mejor varias comidas pequeñas que una sola pesada.
- Cambia la ración poco a poco: el sistema del caballo castiga los cambios bruscos.
El caballo que rinde es el que se cuida cuando nadie lo ve. Ese principio de constancia es el que vestimos. No seguimos modas, las marcamos. Descubre la colección de gorras y chaquetas The Ranch, hecha para quienes cuidan al que los lleva.
