Ningún hato se sostiene sobre una cerca floja. Antes de hablar de marcas, coleo o caballos, hay un oficio callado que separa al rancho serio del potrero improvisado: el alambrado. Es la línea que guarda lo tuyo, ordena la pastura y le pone orden a lo que el ganado, solo, desordenaría.
La cerca es la primera defensa del hato
Un animal que se sale no es un descuido: es una cerca que avisó y nadie escuchó. La cerca contiene, pero también protege: evita que el ganado caiga a un caño, que se cruce a la carretera o que se pierda en el monte. Por eso el buen vaquero la recorre a diario, palo a palo, antes de que el hueco se vuelva fuga.
Cercar bien es leer el terreno, no clavar postes
- El poste de esquina y de tensión es el que manda: se entierra hondo y firme, porque es el que aguanta toda la línea.
- El alambre se templa parejo, sin dejar ni flojo que se enrede ni tenso que reviente con el primer viento.
- Se respetan los pasos de agua y los potreros altos: una cerca mal trazada corta el camino del ganado al agua.
- El alambre de púas va a la altura justa del animal, ni tan bajo que se salta ni tan alto que se lastima.
- La revisión es parte del oficio: una grapa floja o un poste podrido se corrigen hoy, no cuando ya hay fuga.
La cerca bien hecha es como el trabajo bien hecho: no se ve, se nota. Sostiene el rancho en silencio, todos los días, y nadie la aplaude hasta que falta. No seguimos modas, las marcamos. Si haces el trabajo de todos los días con esa constancia, explora la colección de gorras y chaquetas The Ranch, hecha para quienes sostienen el rancho sin pedir permiso.
